Situada en el desierto de Atacama, en Chile, la zona cuenta con algunas de las noches más oscuras del mundo, lo que la convierte en un lugar ideal para observaciones astronómicas terrestres.
De pie en el desierto a las dos de la madrugada, sin ninguna luz parásita a la vista, el cielo nocturno está prístino y despejado. La Vía Láctea se extiende por la bóveda celeste como una cinta blanca, y las lejanas Nubes de Magallanes, tanto la Grande como la Pequeña, son claramente visibles a simple vista. La luz de las estrellas, a 200.000 años luz de distancia, también se distingue con claridad…
Muchos descubrimientos astronómicos revolucionarios se han realizado aquí: la primera imagen de un exoplaneta; la trayectoria del agujero negro supermasivo en el centro de la Vía Láctea; y numerosos descubrimientos que han cambiado la comprensión que la humanidad tiene del universo, todos ellos originados en esta oscuridad.

Para preservar la oscuridad, el observatorio mantiene una estricta gestión interna: todo el edificio debe permanecer cerrado por la noche, los vehículos no pueden usar sus faros y carteles por todas partes recuerdan que la oscuridad es belleza; cada detalle está diseñado para minimizar la entrada de luz. Este lugar se encuentra a 130 kilómetros de la ciudad de Antofagasta, a dos horas en coche del desierto y el mar.
I. La contaminación lumínica global se extiende sin control, las noches oscuras se han convertido en un recurso escaso y en peligro de extinción.
La crisis del Atacama es un microcosmos del estado actual del cielo nocturno mundial. Actualmente, el 80% de la población mundial vive bajo la sombra de la contaminación lumínica. Entre 2011 y 2022, el brillo del cielo nocturno aumentó en un promedio de casi un 10% anual. Donde antes se podían ver 250 estrellas, dentro de una década solo quedarán visibles unas 100.
Por supuesto, el daño de la contaminación lumínica va mucho más allá de simplemente no poder ver las estrellas:
Un duro golpe para el campo de la astronomía.
En la década de 1970, la comunidad científica estableció un límite: cuando el brillo del cielo nocturno supera los niveles naturales en un 10%, la precisión de las observaciones disminuye significativamente. Actualmente, dos tercios de los grandes telescopios del mundo han superado este límite; solo seis observatorios permanecen en la región de Atacama, y solo allí el aumento del brillo es inferior al 1%, una reserva sumamente valiosa.
El colapso del ecosistema
La luz artificial altera los ritmos naturales del día y la noche de las plantas y los animales, desorientando a las aves migratorias e interrumpiendo los ciclos de floración y fructificación de las plantas, lo que repercute en toda la cadena alimentaria.
Efectos adversos sobre la salud física y mental
La prolongada incapacidad de contemplar el cielo nocturno en su totalidad desconecta a los seres humanos de la naturaleza, lo que repercute a largo plazo en su bienestar mental y emocional. Muchos investigadores abogan por que la contaminación lumínica intensa se clasifique como un contaminante ambiental obligatorio, junto con los gases de escape y las aguas residuales.
II. Múltiples amenazas rodean el desierto: la iluminación industrial como principal enemigo.
La mayor amenaza proviene de la minería y de los parques industriales de energías renovables.
En los últimos 45 años, la intensidad de la luz industrial en los alrededores del desierto de Atacama ha aumentado drásticamente. El gran proyecto industrial de Inna, ubicado a pocos kilómetros del observatorio, llegó a alarmar especialmente a los astrónomos. Los cálculos indicaban que podría provocar un aumento repentino del 50 % en la contaminación lumínica del cielo nocturno local, además de generar turbulencias y vibraciones atmosféricas, factores que interfieren con las observaciones.

Afortunadamente, la empresa operadora detuvo voluntariamente el proyecto a principios de 2026, no por presiones ambientales, sino porque reorientó su actividad hacia el almacenamiento de energía y las energías renovables. El marco regulatorio permanece inalterado y proyectos similares podrían reaparecer en cualquier momento.
Las normas de aprobación actuales presentan importantes lagunas: el estándar de evaluación sigue utilizando el umbral obsoleto del 10 % de la década de 1970, cuando incluso un aumento del 1 % en el brillo resulta muy perjudicial en zonas de observación de primer nivel como el Observatorio Paranal; las aprobaciones solo calculan el brillo de las obras individuales, y el brillo combinado de varios proyectos puede superar fácilmente el estándar, pero no existe un control coordinado.
La Unión Astronómica Internacional actualizó las normas en 2025, estableciendo límites máximos estrictos según la clasificación de los observatorios, pero su cumplimiento dista mucho de ser suficiente. Investigadores locales abogan por un estándar de control de segundo nivel, que otorgaría al gobierno el derecho a atenuar las luces y reemplazar los equipos de iluminación si superan el límite.
Las constelaciones de megasatélites como Starlink son claramente visibles a simple vista, apareciendo como un tren de satélites que surcan el cielo nocturno.
La cantidad actual es apenas manejable, pero si se implementa un proyecto de centro de datos con millones de satélites en órbita, todo el cielo nocturno estará lleno de reflectores artificiales, lo que obstruirá significativamente las imágenes capturadas por los telescopios terrestres.
Actualmente, en Antofagasta, donde la ciudad se expande gradualmente, el área iluminada se extiende hacia el borde del desierto, y la tenue luz erosiona lentamente los límites de la observación...

El Observatorio Paranal controla estrictamente la contaminación lumínica y anima a los visitantes a proteger el entorno oscuro. (Fuente de la imagen: Richard Fisher)
III. La noche no se puede replicar; una vez perdida, se ha ido para siempre.
Algunos podrían pensar que los telescopios espaciales pueden compensar esta deficiencia, pero ambos son indispensables: el telescopio espacial James Webb es sin duda potente, pero los reflectores gigantes como el ELT (telescopio de 39 metros) son simplemente demasiado grandes para ser lanzados al espacio mediante cohetes.
Los telescopios de gran apertura terrestres y los equipos espaciales son elementos complementarios. Sin bases nocturnas como Atacama, la capacidad de la humanidad para observar el universo se vería significativamente mermada.
Hace cincuenta años, el cielo nocturno, completamente negro, era visible en todas partes; hoy, la oscuridad absoluta se ha convertido en un recurso escaso y en peligro de extinción.
Nos hemos acostumbrado a ver ciudades iluminadas toda la noche y, poco a poco, hemos olvidado cómo debería ser un cielo estrellado completo. Contemplar las estrellas no es solo un pasatiempo romántico, sino una ventana para que la humanidad comprenda su lugar en el universo.
Si permitimos que la luz se expanda indefinidamente, las generaciones futuras tal vez solo puedan vislumbrar el prístino y brillante cielo estrellado de Atacama en documentales.

Contemplar el cielo estrellado por la noche no solo es beneficioso para nuestra salud física y mental, sino que también puede ayudarnos a comprender nuestro lugar en el universo.

